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—INDIOS PAMPA —Los primigenios moradores de Las Pampas argentinas, aún en nuestros dias, merecen algo que todavía se intenta y se desea lograr. Ello es contar su verdadera historia de hostilidades y la conexión forzosa con otros aborígenes quienes, de algún modo, contibuyeron en pro de su desnaturalización. Toda vez que no parece haber dificultades u obstáculos hemos de intentarlo aquí – sucintamente – a partir de métodos más sencillos, pues no son pocos los descendientes de aquellos originarios del suelo pampeano que, habiéndose acomodado para durar, bajo circunstancias de toda índole, han utilizado bien una de las potencias del alma llamada memoria y nos la han prestado. Por nuestra parte, sabedores de pisar un campo de considerable extensión que sólo se descubre desde un punto muy elevado de la información, prometimos explayarnos comunicándole al mundo moderno de habla hispana algún que otro de sus secretos y – así – desahogar su ánimo.—UN ANTES y UN DESPUÉS— El lector debe entender – y tener por cierto – que habrían de transcurrir cien siglos hasta que los españoles pensaran en "graduarse" como descubridores y muchos más hasta que Manuel I de Portugal permitiera, de muy mala gana, que Fernão de Magalhães (ya bajo tutela del rey de España) se convirtiera en el primer europeo en unir el Océano Atlántico con el Mar del Sur (luego conocido como Océano Pacífico). Arriba hemos subrayado posicionamiento y origen puesto que, en rigor de verdad, disímiles grupos asiáticos, mediante el Estrecho de Behring, que separa la extremidad NE. de Asia de la NO. de América, arribaron a un territorio – el que hoy ocupa Argentina – totalmente desconocido para la humanidad toda... ¡10.000 años antes que cualesquier hispánico!. Mas, en este orden de cosas, nadie debe suponer que sería correcto adjudicar a Magalhães el segundo puesto; éste le corresponde a Juan Díaz de Solís, desde 1516. Obviamente los procedentes de Asia lo deseaban todo; bosques, montañas, valles y llanuras, pero el planeta transitaba la ÉPOCA GLACIAR y esto les arruinó la feliz culminación de hechos gloriosos que – seguramente – esperaban. Lo dicho prosigue despertando encontradas opiniones y ardientes polémicas, mas nadie duda en que efectivamente llegaron y, por tanto, fácil es conjeturar que alguna impronta dejaron para provecho de los aborígenes, pues los rasgados Ojos de todos nuestros indios, la Lanza y el Arco, no puenden responder al recurcurso de la casualidad, sólo por citar tres tangibles ejemplos. Entre el advenimiento de los españoles al continente americano (acaecido el día miercoles 12 de Octubre de 1492) y su ingreso al territorio que posteriormente se denominaría Argentina, transcurrió un lapso de tiempo poco breve (24 años). Obvio es que la inmediatez para establecer relación con los aborígenes del lugar no era su deseo más vehemente. Dicho sea de paso, fácilmente se deduce ahora aquello que resultara imperceptible para escritores e historiadores del pasado; porque la distancia en el tiempo produce revelaciones que, en este caso, se hallan tan vecinas a la verdad de las intenciones como inmediatas al secreto y el ocultamiento. Si entendemos que el más evidente de los síntomas era aquel de obtener todo lo precioso que se pudiera hallar, definitivamente debemos hablar sólo de conquista, dejando para mejor oportunidad la tan mentada colonización. Estos hombres de conquista, caballeros con la apariencia que podían, daban por cierto que, de las tres virtudes teologales era la primera aquella que se debía esparcir; pero... ¿alguna vez, nunca o jamás hubo un alguien que pensara en otro conjunto de creencias supletorias de la fe católica que los nativos poseyeran?. Sin comprobar su existencia, pero mucho menos haber demostrado su falta, dispusieron ¡Que No!. Es entonces cuando, aplicando la voluntad de unos pocos, tiene inicio el fatídico adoctrinamiento sobre determinadas ideas y muchas creencias. El resto – los más – prosiguieron en faena de selección y recogida. —POSTRIMERÍA del CONTACTO— Magalhães – y el conjunto de gente que de él dependía – habitó tierra argentina sólo durante tres meses, pues la retahíla de vicisitudes adversas parecían perseguirlo con ánimo de alcanzarle, tal y como finalmente ocurrió en el archipiélago de las Filipinas durante 1521. Empero, aquí, recaló en lo que es hoy la bahía de San Julían, un lugar más en la inmensidad patagónica, parte de la actual provincia de Santa Cruz, durante el invierno del año 1520, para continuar la navegación que le permitiría descubrir y atravesar, el Estrecho que lleva su nombre y desemboca en el Mar del Sur que él rebautizó Océano Pacífico. —LOS PAMPA y EL ENCUENTRO— Por entonces la tribu habitaba, preferentemente, la dilatada superficie que hoy ocupa la provincia de Buenos Aires, poco más o menos la magnitud de toda España. Mas, haciendo uso y sano abuso del pedestrismo (puesto que la locomoción a lomo de caballo era aún una quimera) aumentaban incesantemente la superficie de sus excursiones. No existe gran precisión al respecto pero dable es suponer, por lo mecionado, que los primeros naturales con quienes tropezaron los españoles fueron los Pampa y sabido es que esta tribu inclinó siempre sabia preferencia por el terreno sin altos ni bajos. Por otra parte, aluden las referencias del escritor italiano que acompañaba al piloto naviero: "Desde el mar hemos alcanzado con la vista enormes llanuras y personas dondequiera". Los hispánicos, infinitamente inferiores en número respecto de aquellos apacibles hijos del desierto, se mostraron obstinados. Sin noticias del indio optaron por imaginarlos capaces de todo delito, dando en consecuencia señas ciertas de temerles en virtud de ningún fundamento. Clara y determinadamente, también fue así descrito por el único intelectual del grupo magallánico; un cronista, y mejor observador itálico, apellidado Antonio Lombardo para algunos y para otros Antonio Pigafetta. Mas todo sucedió sin espanto y altercados. —LA NACIÓN PAMPA— En el carácter distintivo de la raza podemos destacar varias cualidades y muchas inclinaciones que entonces la formaban y, en justa medida de actualización, persisten aún entre su escasa descendencia. De modo seguro, por tradición asíatica y luego por repetición de los mismos actos que con fuerza de precepto sus mayores hacían observar, no practicaban la desnudez; porque, entre otras reglas de conducta, el oficio de cortar y coser no les era ajeno y pertenecía a sus mujeres. En el vestido, particularmente ése que sirve para distinguir, confeccionado con pieles y mínimo ornamento, cifraban su orgullo y sólo correspondía a los hombres. El exceso de autoestima femenino, donde convergían los vértices de sus mayores anhelos, consistía en poseer un telar, pues con ellos podían utilizar lanas proveniente de diferentes animales que las inmensas llanuras – abundantemente – les proveía para lograr un típico traje consistente en una falda de vuelo amplio y blusa al tono. En contraposición con los hombres, ellas sabían valerse de cobre y plata para lucir notablemente bellas. Dispuestos en la cabeza con intención de agradar, peinaban sus cabellos naturalmente renegridos, con trenzas manifiestas, alternativamente cruzadas. El último toque de realce lo orientaban hacia el rostro, haciendo pender de sus simétricas orejas argollas, de metal o madera pintada. La administración de sus pocos bienes la atendían en forma ordenada, distribuyendo los recursos alimenticios en correpondencia al número de personas que componía cada familia. Los Pampa desconocían (o no practicaban) el cultivo de la tierra. La base de su nutrición consistía en la caza. El ñandú despertaba sus mayores apetencias pues, por su incapacidad para volar, debe anidar en depresiones del terreno y allí, la hembra pone huevos de gran tamaño que aprovechaban los indios para el preparado de diferentes platos que preferían fritos en grasa hirviendo de venado o jabalí. El ave en cuestión también genera cápsulas, de forma ovoide y color verdoso, denominadas "Huero", en realidad trátase de huevos no fecundados por el macho y, por tanto, incapaces de producir cría. A la sustancia, abundante, blanca y pegajosa, que se obtiene al romperlos los Pampa atribuían poderes afrodisíacos que bebían a toda hora. Del caballo montaraz (especialmente la yegua) tomaban ciertas partes: La dorsal del cuello (cerviz) proporcionaba entre 6 y 7 vértebras que, luego, mutarían por peines para desenredar el pelo de las mujeres. Las carnosas nalgas tenían, fatalmente, un sólo punto de llegada... ¡El Asador!. Las cerdas, localizadas en la parte superior del cuello (crin), se aprovechaban para hacer labores de aguja en vestidos de cuero. El largo y duro pelo de la cola se destinaba a la confección de arcos; de manera específica sujetar los extremos, de tal suerte que forme una curva y sirvan como impulsor de las flechas. Existe en las llanuras pampeanas un dócil mamífero que se escurre fácilmente bajo tierra, comunmente denominado "Mulita" (tatuejo es su nombre real). En rigor se trata de un armadillo, protegido por un fuerte caparazón de placas óseas y movibles que le otorgan la ventaja de arrollarse sobre sí mismo. Su carne blanca, hervida en agua y con agregación de sal, se dejaba enfriar. Igual tratamiento recibían las tres variedades de perdices que pueblan el territorio pampa (hoy conocidas como "Chica", "Copetona" y "Colorada") que estos aborígenes las portaban, a modo de merienda, en sus frecuetes traslados siempre pedestres. Un indicio más de la incidencia asiática viene, a la sazón, para contribuír en su nutrición: La algarroba – fruto del Algarrobo Oriental – profuso en el área, posee largas vainas que contienen semillas muy particulares. De su justa cocción obtenían un polvo, de simple molienda, que bien podría hoy suplir la mejor harina. Huelga decir que, munidos del elemento fundamental de mención anterior y un precario horno, hecho con piedras convenientemente dispuestas entre sí, lograban acceder al pan que, obviamente, era ácimo. NOTA : Para entendernos mejor y no allegar al lector una aportación comparativamente errónea (pues sería pedirle a alguien indicar hacia donde iba el tren observando sólo los rieles) es necesario insistir en que todas las referencias aludidas en esta nota deben colocarse en la posición determinada al exordio, es decir el arribo de Magallanes.—LOS PAMPA— Organización – Clase – Religión Continuar Call or Email to book your hunt: - 0054 223 9 6887305 All rights reserved.Copyright © 1996/2010 T.A.P.A.S.A. Inc.Privacy Policy. |