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AVUTARDA

También conocida por su
verdadero nombre: "Oca de Magallanes", vive en toda nuestra
Patagonia. Cuando se avecina el invierno
(Abril/Mayo) se concentra para realizar desplazamientos migratorios hacia el
Norte teniendo como meta el Sur de la provincia de
Buenos Aires -y en grado mucho menor parte de La
Pampa- en procura de campos ricos en herbáceas.
Las
enormes bandadas ocupan vastas áreas ingiriendo grandes cantidades de pastura,
sembradíos de trigo y avena destinados al ganado doméstico que,
por ello, ven afectada
su economía. Consecuentemente son perseguidas (y
cazadas) intensamente a fin de reducir su número evitando en parte
mayores perjuicios. ¡Pero no todo es daño!, su mal
está compensado con la destrucción de langostas, larvas y otros insectos
que complementan su dieta.
Diversos métodos se emplean para combatirlas, el más peculiar es el llamado "arreada
aérea". Una vez espantadas, levantan vuelo y son orientadas hacia el mar o
áreas donde su presencia no afecta los sembradíos.
Los ganaderos y agricultores pagan los servicios aéreos por este trabajo
concomitantemente con la cantidad de hectáreas que posean o deseen liberar.
Entre las cuatro variedades de avutardas (diferenciadas entre sí casi
unicamente por los colores de su plumaje) la "Oca de Magallanes" es la
más sociable, acentuándose esa condición después de criar sus pichones.
Se encolerizan en la época de
apareamiento donde los machos brindan verdaderas batallas por la posesión de
la futura compañera.Una vez finalizada la ceremonia de violencia y pasión se
retiran en busca de algún lugar solitario (preferentemente cerca de
bañados, lagunas o esteros) para
anidar. En el interior de estos sitios hacen
cavidades en el suelo o aprovechan las naturales preexistentes.
Los nidos
son rústicos exteriormente. Por dentro lo forran con
plumas de otras aves y propias que se extraen del pecho.
Así forman un mullido lecho en el cual la hembra deposita de ocho a
diez huevos ,color crema, opacos y ásperos.
Las posturas son incubadas -la mayor parte
del tiempo- por la hembra, en tanto el macho ronda las cercanías cautelarmente.
Reemplaza a su compañera cuando esta debe alimentarse.
Al cabo de veintiséis días nacen los
polluelos que presentan tupidos plumones de color amarillo, no bien se secan
ya están en condiciones de andar. Su simpático
aspecto los asemeja a los pavitos caseros, motivo por el cual estas aves son
también denominadas "Pavos Silvestres" arribada su adultez.
Aunque son palmípedas (pues sus
dedos están unidos por membranas) muy pocas veces se introducen en el
agua; limitándose a merodear las orillas, donde
siempre encuentran pastos verdes y brotes tiernos.
Las crias crecen
rápidamente. Junto al primer cambio de plumas, que se produce a los dos meses,
muestran ya la diferencia de sexo. Presenta el macho un color blanco,
con plumas negras y rayas cruzadas en el pecho. La hembra luce un color
marrón claro con plumas negras horizontales.
La "Oca
de Magallanes" es dueña de una gran resistencia física y su desarrollo ocurre
velozmente. Adiestrada por sus progenitores desde
pequeña en el arte de volar, está siempre apta y
dispuesta para las giras migratorias ininterrumpidas que resultan ser una
constante en sus vidas. Una vez posadas saben como reservar sus energías.
Se mantienen en un mismo lugar arreglándose las plumas con el pico y
mantienen largas "conversaciones" consistente en graznidos, mientras se
presenta el tiempo propicio para el viaje de retorno al Sud.
A veces esperan pacientemente por varios días y solamente cuando las
condiciones climáticas les son favorables levantan vuelo.
Cuando esto ocurre resulta interesante observar como se ponen de
acuerdo para separarse en contingentes de hasta ciento cincuenta ejemplares.
Las que quedan en tierra hacen otros grupos y paulatinamente, en forma
sincronizada van elevándose cual aviones de guerra.
Invariablemente inician los vuelos al
crepúsculo. Una vez en el espacio su instinto las
orienta y guía en el aprovechamiento de las corrientes de aire caliente (térmicas),
causa por la cual las vemos volar a distintas alturas, siempre de
noche. Ya en pleno desplazamiento se van turnando en la tarea de cortar
el aire. Cada individuo tomará su turno en la punta,
aliviando de esa forma al resto del grupo que en
perfecta formación, semejando la letra "V" surcan
los cielos.
Veamos
"La
Copetona"
Artes
culinarias criollas
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