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CAZA AL GUANACO

En un tiempo ciertamente no muy remoto supo habitar
prácticamente la totalidad de las llanuras argentinas, mas hoy sólo es
factible hallarlo en la meseta patagónica y algunas cadenas montañosas del
país, especialmente en los Andes meridionales. Empero, las mayores
concentraciones de este mamífero rumiante de unos dos metros de altura hasta
la cruz; 95 a 100 Kg. de peso y una cabeza pequeña con largas orejas
puntiagudas, clava sus ojos negros y brillantes en algunas áreas de Malargüe
(provincia de Mendoza). Aquí –en Malargüe– existe una zona denominada "Del
Nevado" que, en rigor de verdad, comparte con el departamento de San Rafael.
En sendas áreas, en su momento, la caza del bello camélido fue tanto
indiscriminada como consentida ... ¡ así, en plural ! Naturalmente su
población disminuyó gracias al sistema por el cual todo se aceptaba. Para
corregir, o al menos reparar en parte ese enorme daño, se implementó una veda
que año tras año va aplicándose en un lugar u otro, sin tener asiento fijo.
La práctica de mención anterior impone a quienes deseen
hallarlo –particularmente con fines cinegéticos– realizar extenuantes
caminatas, tensión de espera y planes muy bien estudiados para su
localización. En otras palabras, resulta imprescindible contar con la
colaboración de un guía; pero, si de cazar hablamos, debemos también decir que
este camélido nunca puede constituír para el deportista serio un verdadero
trofeo, toda vez que el real motivo de los abates lo han sido y, aún lo son,
lo que podríamos denominar "Causas Utilitarias", tales como el aprovechamiento
de su carne (semejante a la de vaca) y su lana.
Por una parte ninguna incursión al Guanaco dejará de ser
eso: una injustificada correría de guerra y muerte en un entorno donde impera
la mansedumbre y, por la otra jamás constituirá ninguna señal de victoria. A
mayor abundamiento de lógicas oposiciones cabe destacar la absoluta
imposibilidad en el distingo de los sexos. Consecuentemente esta alternativa
entre dos cosas por una de las cuales hay que optar, no se compadece con una
condición tanto benigna como suave ... ¡que conmueve! Y, en cualquier caso
manchará y dará por tierra con la fama de un arte viril, patentizando a la
vista de todos sólo un trastorno ruidoso de muy escaso mérito.
Avatares más avatares menos los GUANACOS no han
sucumbido y prosiguen representando papeles estelares en el reparto de la vida
y la naturaleza, pues estos animales poseen determinadas características
difíciles de hallar en otros. La de adaptación al medio es – quizá – aquella
que resalta la mayor diferencia entre las especies de montaña y allí es donde
se los puede descubrir ... ¡con ingenio!. Mas no es la única; ellos son
eficaces y activos en su habilidad de perdurar y saben como hacerlo echando
mano a una asombrosa agilidad, vista en extremo aguda, olfato y oído inefables
como motor en la dinámica de grupos en situación de peligro que no tiene
intermisión.
No obstante lo dicho y puesto al alcance del público en
idiomas diversos mediante diferentes medios de comunicación, solemos de pronto
escuchar fuertes explosiones provenientes de armas de grueso calibre, seguida
de ruidos, relinchos de alarma y gritos desesperados de "Chulengos" que,
atropellándose entre sí procuran abandonar las tropillas a las cuales
pertenecen. Esa es la imagen que nos queda de sucesos infaustos que, sin
embargo, corren lejos de "encuestas a las víctimas".
Conclusión: La tendencia humana inclina su preferencia
para actuar emancipada de toda civilidad a pesar de la urgencia que demanden
circunstancias como las referidas aquí; por tanto téngase el presente como
testimonio de otra catástrofe.
T.A.P.A.S.A.
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