En los dias de otoño - invierno solamente en Argentina
la caza dejó de ser un lujo y volvió a pertenecer a todos, pero...
¿Por qué?
Porque de contrapelo con el pensamiento de algunos,
quizá poco informados en materia cinegética, podemos aseverar que la caza
es una empresa con sentido. Es una exigencia nacida con el hombre y parte
integrante de su mismísima historia. Ha sido, y lo es aún, inspiradora y
musa de todas las artes, representante por excelencia de una clase social
ni rica ni pobre, pero si en muchos aspectos privilegiada por concesión de
la naturaleza y determinadas circunstancias propias. Es, en definitiva, un
espectáculo majestuoso.
Si se quiere entender el misterioso motivo que nos
compele a cazar, tendríamos que recorrer el tiempo hacia atrás.
Hallaríamos en la cultura y en las tradiciones, en las costumbres de los
hombres y de los pueblos interesantes uniones. Con ellas podríamos llenar
libros de cuentos, de leyendas, de literatura y hasta arte. Pero es de
subrayar, y completamente inútil negar, que la práctica cinegética es
parte integrante de la índole humana, toda vez que este gesto es
intrínseco en su espíritu y - por tanto - forma parte de su crecimiento y
su desarrollo. En suma, es una unión ancestral de la cual difícilmente la
humanidad podrá liberarse.
Sin olvidar el respeto por la naturaleza - que siempre
debe ser parte del equipaje del cazador como objetivo primario - también
este año
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